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domingo, 10 de mayo de 2015
No otra cosa
Poesía también
es tu hermana
desnuda
abierta
debajo de mí
yo hurgando a conciencia
adentro de ella
con destreza de plomero.
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Versiones perversas
lunes, 5 de mayo de 2014
Menos que más
Sería dichoso si mi amada fuese muda
o discretamente silenciosa,
no digo además sorda
yo no exijo tanto,
que de su boca
lo único que fluya sea gemido
o la queja consolable,
la saliva untándome la verga,
la cara, el pecho,
algo similar al discurso de la lluvia
que en su caída
habla poco y dice mucho.
sábado, 27 de julio de 2013
Córdoba
Las montañas tienen dueño
y los ríos,
las ruinas y las mínimas piedras
los laberintos naturales
y las iglesias,
de manera que están en problemas
los alpinistas, los pescadores
- profesionales y amateurs -
y los arqueólogos,
los mortales deben moverse
con sigilo,
a veces medio de costado
a veces agachaditos
para no invadir lo privado,
para no rozar todo lo que es
de casi nadie, casi todo.
domingo, 14 de julio de 2013
Bocados
Albert Sánchez Piñol
Cuando veo las rodajas de un surubí
cocinadas al paquete
imagino mis muslos
cortados en tajadas anchas,
pienso en manos anónimas
dándoles colorido aderezo,
imagino una mesa larga
en la que se reparte mi carne
y dientes enloquecidos
que la desgarran entre gritos,
al menos, un surubí es un surubí más,
anónimo, extraviado,
los hombres tienen nombres
y no ha de ser lo mismo
tragarse un Papa Francisco
que un González cualquiera...
miércoles, 11 de julio de 2012
El libertador
Esto no es una ficción, sino que sucede periódica, quizá debiera decirse, esporádicamente en la cama anchísima de mi amiga Erina, un nombre tan ligado a las furias.
El energúmeno es un ser simple, sin complicaciones. Los intelectuales de discoteca lo bautizaron "básico". Pero yo no coincido en tal apreciación subjetiva, porque él posee una capacidad muy especial que otros no a la hora de interpretar el idioma de la piel de Erina, digo, a la hora de la furia.
Es que cuando ella habla él no la entiende, pero nadie puede cuestionarle tal limitación, ya que en efecto, no es su especialidad el complejo sistema hecho de signos lingüisticos.
Bueno, tampoco se interesa demasiado por las cosas de Erina. Llámese la disposición de los libros, las fotos en los estantes, ni siquiera repara en las sábanas, si son nuevas o exóticas, o en el aroma extravagante de un sahumerio. Él, simplemente, llega como un hacendoso hombrecito y cumple su tarea con eficacia envidiable.
Y no se trata de que Erina ordena y el energúmeno acepta sumisamente, sino que existe una complicidad particular, un magnetismo que está en el orden del deseo, que nace en los ojos y culmina en la fruición sexual voluptuosa.
En este sentido, no es pródiga la vida de Erina, sino más bien paupérrima, y de ahí, los períodos de furia que el energúmeno, sin embargo, sabe interpretar. El pequeño Mesías que desarticula la urgencia y la fiebre, que conjura las noches de insomnio y las histéricas mañanas de oficina.
No se le pide al hombrecito una cena romántica o un desayuno americano servido en la cama un domingo por la mañana, no se le pide un paseo o una noche de cine o un ramo de flores. Él está, sencillamente, para frotar la piedrita del goce y liberar los flujos que se agolpan en el cuerpo de Erina. Las furias, la tormenta desatada, después del estrago de la necesidad y la sequía.
En eso tiene prestigio el energúmeno. En esa manera de arrancar las espinas, una por una. En la dedicación, que nada tiene que ver con el héroe que atraviesa cordilleras o desanda mares o enfrenta monumentales enemigos. Él es el libertador de orgasmos, y eso, no es poca cosa. Porque, aunque apenas acabado su ardoroso trajín, se vista y se vaya con la prisa del cartero, Erina ya es algo muy liviano, una pluma desnuda y desmayada en su anchísima cama, despojada del peso de las furias.
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Versiones perversas
miércoles, 30 de mayo de 2012
Extracto de "Las Crónicas de la Edad del Dólar"
En el año 2012, es decir, poco tiempo después de muerto el Cristo, el mundo era sumamente feliz. Los continentes se floreaban y "la miel caía de los árboles", los negros gobernaban el país de los gringos, y los amarillos, China, claro. Los conservadores soñaban y las izquierdas eran mesuradas. Las fuerzas militares invadían los paises (que se "desviaban") en son de paz y llevaban el discurso del amor y ponían la otra mejilla si era necesario.
A cualquier país que uno fuese a instalarse o a pasear, la gente lo recibía con los brazos abiertos e inmediatamente le concedían al "forastero" todas las garantías y derechos constitucionales. Hablamos de un tiempo demadiado lejano, es probable que algunos términos no sean correctos. Las constituciones, a grosso modo, eran la norma fundamental y suprema que regía a una nación. La constitución de hoy viene a ser uno mismo y alcanza a uno mismo, no a los otros. En aquellas épocas de oro, las constituciones pretendían igualar a los hombres. A nosotros nos causa gracia, pero así era ese mundo primitivo.
El influjo de Cristo era muy fuerte, recién habían pasado dos mil años de su absurda muerte. Los hombres se ayudaban unos a otros y los países más ricos socorrían a los más pobres, en toda circunstancia. Se creaban altruístas organismos como el FMI o la ONU, que siempre protegían a los más débiles, aunque ciertamente, los más poderosos jamás utilizaban la fuerza para imponer su deseo o su idea. De esa manera, la tierra era un hermoso planeta para vivir en pleno equilibrio.
En aquel tiempo, también, como sucede en todas las familias, había una oveja negra. Ese lugar se llamaba Argentina, y toda la alegría, el colorido y la paz de los hombres y las naciones, se acababan al cruzar sus fronteras, porque su asquerosa ley no le permitía a los sufridos habitantes poseer dólares. Y es que el dólar, en aquellos tiempos era la palabra sagrada, o sea la PALABRA del dios circunstancial. En ese maldito país gobernaba la "Yegua Salvaje", así le llamaban en los paises civilizados. Los paises civilizados eran todos, menos Argentina. En los paises civilizados regían las enseñanzas de Cristo. Las máximas de este profeta como: "los dólares primero" o "dejad que los dólares vengan a mí" , no tenían ningún valor en esa patria endemoniada.
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jueves, 24 de mayo de 2012
Circense
Y porque Virgi ama al Domador...
Estuve enamorado
de la payasa más bonita,
apenas unos pocos días
grises de otoño,
cuando la banda
llega al pueblo;
llevaba roja la naríz
como un morrón
y capas de maquillaje
le entristecían el gesto;
actuaba - ella - de:
hazmereír mío,
"soy tu hazmereír", decía,
y objetivamente,
su profesión y su labor,
pero su amor,
era más grande
- irretribuible -
que la carpa del circo
y en las gradas
miles de enamorados
estallando en carcajadas
que se contagiaban,
locamente,
como los besos
del hijo desterrado - que vuelve -
se multiplican
en la cara de su madre;
un amor tan grande
nunca es exclusivo,
y por eso, tal vez,
el estruendo de risas
la fulminaba
como un rayo
de amargura
insólito y continuo.
Imagen: Menganita y su maravilloso universo
Estuve enamorado
de la payasa más bonita,
apenas unos pocos días
grises de otoño,
cuando la banda
llega al pueblo;
llevaba roja la naríz
como un morrón
y capas de maquillaje
le entristecían el gesto;
actuaba - ella - de:
hazmereír mío,
"soy tu hazmereír", decía,
y objetivamente,
su profesión y su labor,
pero su amor,
era más grande
- irretribuible -
que la carpa del circo
y en las gradas
miles de enamorados
estallando en carcajadas
que se contagiaban,
locamente,
como los besos
del hijo desterrado - que vuelve -
se multiplican
en la cara de su madre;
un amor tan grande
nunca es exclusivo,
y por eso, tal vez,
el estruendo de risas
la fulminaba
como un rayo
de amargura
insólito y continuo.
Imagen: Menganita y su maravilloso universo
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jueves, 22 de marzo de 2012
Empiria
Al fin y al cabo
éste es el reflejo
de la exigencia
de Tomás, la herencia,
necesito hundir mi dedo
en el tajo de tu cuerpo
abordar los ríos
de tu sangre
para creer,
para acceder
a la certeza,
a la prueba irrefutable
de tu amor.
Imagen: Claude Fauville
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jueves, 4 de agosto de 2011
Las formas
Hasta cuando
te limpiás los mocos
sos delicada,
fina como una aguja,
para tomar un vaso de agua
derrochás "noble class",
a veces te imagino
limpiándote el culo
con sutileza,
apenas deslizando
la puntita de los dedos
en torno al suave papel,
y un gesto imperceptible
en los ojos,
un leve bostezo
afectado
de reina aburrida,
que no puede decir
más que:
"ésta es la forma adecuada..."
Imagen: David Fontani (o Flowers, Graciasssss...totales!)
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sábado, 7 de mayo de 2011
Primera vista
"Sentí como me ardía el cuerpo. Pensé que ella me deseaba. Y que yo también la deseaba. Pero me contuve. Tenía que detenerme en aquel punto. Si daba un paso más, ya no podría retroceder. Pero, para detenerme, me fue preciso un gran esfuerzo."
"Al sur de la frontera, al oeste del sol" - Haruki Murakami
Hoy, cayó a la oficina la chica más linda del mundo. Nadie podría refutarlo, nadie debería opinar en contrario. Llevaba una gran almohada en la cabeza y yo soñaba ser almohada, hombre almohada. Lo supe de inmediato, cuando cayó, literal e intempestivamente sobre mi escritorio, como aparición de ángeles o lluviecita de verano, y, por otra parte, su sonrisa vino con estremecimientos y escalofríos de yapa. Yo creo que con esa sonrisa podría derretir todos los hielos del mundo y con esa mirada insondable, despejar todos los cielos. Lo mio es pura cursilería (se lo advertí).
¿De qué patria podría caer belleza semejante?
Vino (dije cayó) la chica más linda del mundo y quiso el azar que fuera yo, quien la atendiese. Así que me puse tembloroso como un cachorro mojado y la lengua se me trabó y me sudaron las manos y la frente como a un condenado. Malos síntomas en Mayo.
La chica más linda del mundo se sentó sin complejos frente a mi, se hizo dueña del lugar y de la situación. Yo pensé que nada podría sacarla de sus cabales o hacerla titubear. Digo, estaba muy firme, enhiesta, bien durita la guacha. Parecía una azafata.
Sin embargo, sus mejillas tomaron un color rosadísimo cuando le dije, con el coraje del héroe y haciéndome el canchero que: "hoy esperaba a la chica más linda del mundo". El aquílico talón lo llevaba en los cachetes.
No atinó a decir nada. Su sonrisa se hizo de chicle y sus ojos miraron todavía más profundo, como si en mi, pudiese ver todas las estrellas, los agujeros negros y los misterios del universo.
No atinó a decir nada. Su sonrisa se hizo de chicle y sus ojos miraron todavía más profundo, como si en mi, pudiese ver todas las estrellas, los agujeros negros y los misterios del universo.
Es increíble las cosas que pueden pasar en tres minutos, si enfrente, tenés a la chica más linda del mundo. Ni siquiera sé, por qué la eximí de impuestos con tanta facilidad. Ha de ser porque no existe el ser humano que pueda resistirse.
Lo entendí así, y ahora sólo pienso que debo hacer demasiada fuerza corporal y ejercicio mental para no enamorarme. Cierro los puños, los ojos, aprieto los dientes con furia, tiemblo, clausuro los sueños, y me digo, que la chica más linda del mundo no puede ser para mi, ni para nadie. Ni siquiera para George Clooney. Y de todas formas, es una tragedia: estar siempre en el lugar equivocado.
Imagen: Deneuve, aghhhhhhhhhhhhhhhh!!!
Lo entendí así, y ahora sólo pienso que debo hacer demasiada fuerza corporal y ejercicio mental para no enamorarme. Cierro los puños, los ojos, aprieto los dientes con furia, tiemblo, clausuro los sueños, y me digo, que la chica más linda del mundo no puede ser para mi, ni para nadie. Ni siquiera para George Clooney. Y de todas formas, es una tragedia: estar siempre en el lugar equivocado.
Imagen: Deneuve, aghhhhhhhhhhhhhhhh!!!
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lunes, 25 de abril de 2011
Veladas sencillas
A veces nos juntamos, tres o cuatro familias, en la casa de alguna, y nos comemos algo simple, un asado o unas pizzas, unas empanadas. Tomamos vinos de medio pelo, que en Argentina son de un excelente sabor. Después, escuchamos unas musiquitas.
Nunca sucede nada extraordinario. Yo me pongo re-chulo, una camisa fina, un pantalón de vestir y zapatitos, y ya estoy cachondo por la tarde, mientras hago abdominales, porque pienso que quizá, entre tanta pacatería, fluya alguna charla picante, o en la profunda noche, allá, cuando las lentas canciones ochentosas suenan, y movidos todos, por la efervecencia del alcohol y el humo, se desatará, como un tornado inesperado, una apoteótica orgía o una divina sesión swinger.
Pero vivo en la ficción.
Después de comer, porque mientras se come nadie habla, las mujeres se ponen a elogiar a sus hijos, los hombres hablan de sus autos. A veces, hablan de sus perros, o de sus gatos, y de sus incomparables virtudes.
Cuando digo que hablan de sus hijos, de sus autos o de sus animales, digo que hacen eso, de una forma ostentosa, irritante, babosa. Hablan todos juntos, cada cual de lo suyo, hablan, no se escuchan. Hablan, como si ellos fueran la "cosa" de la que hablan, se jactan, se regodean, podría hasta sospechar que tienen orgasmos espontáneos, cuando dicen: "Rocío caminó a los nueve meses!!!", o "el GPS que me compré lleva música de fondo", o "qué inteligente es mi perro, yo le muestro el cinto y ya sabe que tiene que entrar!!!".
Y así se van las horas, la noche, como una orgía, pero de repugnante egos en decadencia, ya que nadie es por lo que es, sino por su extensión, ya sea hijo, auto o gato.
Yo puedo permanecer en silencio o asentir lo que otro me cuenta, como sí, lo que me cuenta significase el destino del mundo, un hecho crucial. O tal vez, porque entiendo que en ese instante, el orador se está derramando de placer.
Imagen: Jules Grün
Imagen: Jules Grün
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viernes, 15 de abril de 2011
Carne de cañón
El hombre sacó el pedazo de carne, oscuro y fofo y se puso a mear en el medio de la calle. Era sorprendente, ciertamente sorprendente. Recordaba un peceto descongelándose, que colgaba de su mano derecha. Llovía finamente.
Claro, también era inaudito que estuviese meando en el medio de la calle. Pero nadie decía nada. A lo sumo, las madres que llevaban a sus curiosos niños a la escuela, les pegaban dramáticos tirones del brazo, grititos ridículos o los pellizcaban, con inútiles pretensiones de disimulo. Pero sus gestos nerviosos las delataban.
Una abuela muy simpática se quedó mirando al exótico personaje y su exagerado colgajo. Al fin, le dijo:
- Cuantos corazones habrás roto con esa cosa, eh!
El tipo la miró con una sonrisa aniñada. Pero no dijo ni mu. Sólo se dedico a sacudirse bien el elemento, que así, agitado, parecía un "manduré cuchara" fuera del agua sostenido dificultosamente por su verdugo.
Después se alejó, despreocupadamente, con la vista perdida a lo lejos. La abuela, simpática, sonriente, se quedó parada todavía unos minutos, como si la lluvia, que se tornaba un poco más intensa, fuese una caricia o una cosa de todos los días.
Imagen: Robert Mapplethorpe
Imagen: Robert Mapplethorpe
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