Cada cual urde belleza
en exuberancia o discreción,
la desmesura, el juicio,
el funambulismo de los bordes,
qué cuerpo no se afiebra
en el flujo de caricias,
qué boca no se crispa
al impetuoso beso,
qué río no se descadera
frente al viento,
su furia o su tímida modorra.