lunes, 10 de marzo de 2014

Burocracia de la seducción



Después de pasar por diferentes estadios emocionales, de dar engorrosos pasos como si de rellenar formularios se tratara, después de haber puesto en juego complicadas y hasta insólitas estrategias de persuasión, de haber superado caprichosas exigencias, después, incluso, de tener que soportar no sólo negativas, sino también, admisiones que rápidamente eran retractadas. Cuando ya pensaba que estaban hechas todas las observaciones o cuestionamientos con respecto a su objetivo o sus intenciones, que ya no tendría que someterse en adelante a ignominiosos cuestionarios, ni moverse con el sigilo que entrañan los trámites formales, lo espeso de la gestión, José Salinas encontró un obstáculo inesperado a su deseo, esto es, que la dama en cuestión le solicitó un Certificado de Buena Salud, aduciendo que en estos tiempos es temerario tener sexo sin las prevenciones pertinentes. José le propuso que usaran preservativos, pero ella no lo acepto porque, dijo, "mis peores miedos están centrados en las enfermedades contagiosas de la boca." No supo que decir, el frustrado Salinas, se dio cuenta de que persistía en la búsqueda por mera obstinación, que cualquier rapto de espontaneidad estaba vedado, que no le estremecía el cuerpo pensar en su mano hundiéndose en el sexo de la mujer, es más, se lo imaginaba como un laberíntico castillo subterráneo, cuya infinidad de puertas reducían al mínimo la posibilidad de dar con aquella que cobijara detrás, la tempestad del goce.

lunes, 3 de marzo de 2014

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A todos les recita el mismo verso, les habla de su soledad incomparable y grande. Todos los que circulan por su casa casi mítica, medio sagrada, reciben la misma recriminación. Ni siquiera los que caen en su trampa y la consienten están exentos de su verba. Les espeta la ingratitud, la desmemoria, la indiferencia.  Al principio algunos se sienten seriamente cuestionados, se queman los sesos. Pero con el paso del tiempo, van adaptándose a la lógica quejosa de la vieja, aceptando que esa es su forma de ser protagonista perpetua. Al final se ríen como si se rieran de las ocurrencias de un niño pequeño, mientras ella siente una impotencia subiéndole como una bola de fuego por el cuerpo.