martes, 25 de septiembre de 2012

Intrigaba, 
moviendo las manos con pericia
en la oscuridad irregular, 
sugería,
manipulando los pequeños objetos
que constituyen
la merienda,
del atardecer demorado o definitivo,
taza y cucharita,
plata y porcelana,
gestando melodía
particular y soñadora,
mas la resuelta mano
y la irrupción de la luz, su exceso,
vino a desmayar
la escena encantadora.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Sesión

El fotógrafo estaba desconcertado por esa obstinación en arruinar el trabajo, subrayando con exageración la antítesis de los hemisferios de su rostro.
Desmedida luz en oriente, sombra en occidente.
Pensó que tal vez, la máquina haya enloquecido o se hubiesen desconfigurado algunos de sus valores, diafragma, obturación, pero nada de eso había; despotricó contra el asistente que no atinaba a adaptar la escena a las condiciones de luz natural o artificial, contando con todos los artilugios a los que un profesional puede aspirar.
Se exasperó su nervio y dijo "basta". Ordenó a la larguísima modelo que se acercara a él y al asistente que encendiese todas las bombillas del mundo, y su desconcierto fue mayúsculo cuando advirtió lo que jamás podría haber imaginado, la hipótesis nunca urdida, mirando fijamente con los ojos desbordados de sus cuencos, el rostro bicolor de la modelo.