"Vengándose, uno iguala a su enemigo; perdonando, uno se muestra superior a él." Francis Bacon (Afanado amablemente del blog de Nina)
Remotos parecen los tiempos e irreconocibles los mundos en los cuales la costumbre de bautizar con nombres amenazantes y sugestivos a las organizaciones terroristas, ya sea con siglas provocadoras como IRA, ETA, FARC, o pretensiosamente místicos o románticos, como Sendero Luminoso, Brigadas Rojas o Al Qaeda, de actuar con los rostros encapuchados como si fuesen avergonzados verdugos, de provocar atentados aberrantes desde la clandestinidad y después, adjudicarse anónimamente y con jactancia heroica esos hechos pusilánimes.
Remotos parecen los tiempos e irreconocibles los mundos en los cuales la costumbre de bautizar con nombres amenazantes y sugestivos a las organizaciones terroristas, ya sea con siglas provocadoras como IRA, ETA, FARC, o pretensiosamente místicos o románticos, como Sendero Luminoso, Brigadas Rojas o Al Qaeda, de actuar con los rostros encapuchados como si fuesen avergonzados verdugos, de provocar atentados aberrantes desde la clandestinidad y después, adjudicarse anónimamente y con jactancia heroica esos hechos pusilánimes.
Desconocido es, por su parte, el origen del terrorismo formal, institucionalizado, el discurso blanqueado, la Conferencia de Prensa fastuosa en una Casa de Gobierno, el tomar como bandera, la bandera de un país, e incluso, arrogarse su nombre, o cuándo ocurrió que un "jefe", un "capo" o un "líder" terrorista, colgó esos hábitos, para pasar a llamarse, pongamos por caso, Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica (o Premio Nobel de la Paz).
Alguien me subraya como hipótesis nada enloquecida ni desprovista de sustento, que éste es otro artilugio inmemorial del terrorismo, apenas una vertiente conocida como Terrorismo de Estado, o, creo yo, más puntualmente, Estados Terroristas.
Imagen: Web