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sábado, 21 de septiembre de 2013

No Lástima


Podrías estar triste
de tristezas ajenas, 
aunque siempre sea propia
la experiencia
y no exista consuelo
que la destierre: así como así,

te arrasa a veces
el padecimiento de otro, un extraño,
pero eso es apenas, o tanto,
una concesión del amor
la grieta, por donde se deja ver.
Más.

viernes, 31 de agosto de 2012

◄═Ø

A traer cempasúchil para el muerto flamante:
llanto y desconsuelo;
y aguardar la quimera,
hasta el derrame, los labios apretados
y tragando saliva y vidrio;
que profiera una palabra - el muerto flamante -,
la mínima, un berreo, una sonrisa, un gesto
- la quimera, el ruego -,
volver en la tarde, el murmullo entre los pinos,
pies de plomo arrastrando las hojas,
la exhausta espalda ostentando derrotas
- el muerto flamante -,
la tierra, el corazón, la madera,
y el silencio no cesa, ni la noche, 
ni la desapercibida brisa, nunca.

jueves, 1 de marzo de 2012

Los tristes


A la cabecita de Marichuy y sus iluminaciones...

Estábamos
INMENSAMENTE tristes
porque sí,
una tristeza de arrasar
toda sonrisa -
la tristeza,
implacable e impiadosa
del viejo dios
masticando los escasos goces
de sus hijos;
ella (yo) lloraba
en ocasiones,
sin explicación,
sin causa aparente, desolada,
y es que alguien,
un gesto,
un remedo de dios
se había encargado
de urdir este abismo
ante nosotros,
y nosotros,
mínimos y huérfanos satélites
en órbita,
intentando huir
de su área de atracción
para encontrar el lugar
que nos fuera prometido,
en el principio de las cosas...

Imagen: Begginers - Mike Mills

lunes, 14 de marzo de 2011

Paradojas del pozo


Alguien construyó (cavó) este pozo para mí. Es un pozo cálido y nada desagradable. Digamos que estoy a mis anchas, una pose, eso es. Este pozo es una mera pose. Toda distancia con lo cotidiano es una pose.
Una extraña paradoja. Como dijo uno de los nuestros, lo bueno del pozo es que tiene límites. Abajo hay un piso, de manera que no puedo vivir cayendo. Puedo palpar las paredes, así que no puedo perderme, desbordarme. No es dolor desbordante, es pose. Arriba hay una tapa, creo. Quizá, yo también tenga mi chica Kasahara, poniéndole límites al cielo. El techo. Todo es una pose/pozo. Este pozo no es el infierno. Tiene límites precisos, pero, otra paradoja, su negrura es infinita. El pozo fáctico es una cajita donde quepo perfectamente. Su oscuridad, es imposible de mensurar.
Pero me gusta quedarme acurrucado, acá, en este pocito mio. De arriba, me caen, de seguido, palabras, como migas de pan que se arrojan a las palomas, como maná de los dioses para sus fieles hambrientos. Lo mejor de la pose es el mimo que llega deslizándose para alimentar. El agua de la lluvia que se filtra por las heridas de la piedra. Esa debe ser mi chica Kasahara, la cicatriz imposible.
La paradoja apoteótica reza que la oscuridad insondable es, en realidad, un cristal, a través del cual puede verse todo desde otra perspectiva. Lo negro traducido al color. El pozo tiene fondo y todas las cosas, aun las más horribles, tienen cielo en el que se amontonan estrellas, planetas rojos, lunas y luminosidades fugaces.
Ha de ser mi chica Kasahara, que en noches hermosas levanta la tapa que está en la boca del pozo. Y yo, en pose, acurrucado ahí en el fondo, recibo su agua bendita.
Al final, sumido en lo negro del pozo, en el infinito negro, puedo ver, recordar, que hay muchas cosas que brillan con luz propia, pero que, entre tanta luz artificial, se confunden endemoniadamente. Y quizá, haya por ahí, gente cayendo en pozos sin fondo.
Descorré esa tapa, por favor - grito. 

Imagen: Kasimir Malevich

viernes, 11 de marzo de 2011

Pasión


Cuando ya no me queda una gota de aire, entro en el pozo. Desciendo lentamente como una pluma. Mi casa es un espacio lacerante, las paredes rasgan mi piel, el techo me aplasta. En el fondo del pozo puedo estar exento del odio, dejarme mojar por las aguas subterráneas, escurrir los resabios que me oxidan.
Necesito dejar fluir los minutos, ir desapareciendo despacio con ellos hasta volverme excesivamente leve. Pero busco una forma que no duela. Que el agujerito en la cabeza sea imperceptible pero preciso y efectivo. Que la soga rompa el hueso en una milésima de segundo. Que las venas exploten sin piedad, que la sangre oscurezca el mundo como una nube negra e infinita. 
El odio es atroz pero nadie lo asume sino que "alguien" lo practica con una ceguera irreversible. Después, con las palabras, ponen el odio en inmensas bolsas y las cargan sobre las espaldas de los tontos.
Desciendo como una pluma al pozo, me acomodo en el fondo del pozo, me quedo sentado con la cabeza entre las rodillas y empiezo a desaparecer. Pero necesito encontrar la manera fulminante, el rayo indescriptible, el veneno dulce y soporífero.
El odio me corta, desnuda mis fragmentos, revela mi insustancialidad. Por eso vengo al pozo. Ahora mismo estoy en el pozo, susurrando. Y puede que desde esta oscuridad, ya no me quede mucho más para decir.

Imagen: Kandinsky