Hay noches así con cadencia de brisas,
entonces,
dormimos abrazadamente
uno adentro del otro,
casi adentro,
nunca tan adentro
como para conjurar este vuelo de buho;
con la mano que sujeta la cintura dócil,
con mi pecho contagiando
la fiebre a tu espalda,
con el dedo del corazón
inmolándose en abismos,
y el aliento en la nuca
sembrando un campo de escalofríos,
el ansia que busca,
mas no encuentra lo suficiente.