Hay un arbol de copa gordísima, como si fuese una impresionante nube verde, que me impide ver qué se trae el cielo desde el horizonte. No se ve. El árbol tapa el cielo.
Estamos parados casi en la línea, pero del lado de acá. Nadie puede empujarnos del otro lado. ¿De qué se puede hablar, qué se puede hacer, cómo serán las horas en el mundo sin amor? Nos preguntamos.
Te digo que hay chicas que me dicen que el amor es una inutilidad y que ya está todo dicho sobre él. Me gustan tus poemas de amor, me decís. Si, te digo.
Te digo que me dicen que el amor es un sillón demasiado cómodo donde se despatarran los mediocres. No me importa, me decís. Hay que arriesgarse, te digo. No sé si quiero, me decís. ¿Se podrá volver? me pregunto (te). Eso me aterra, porque no sé de qué se podría hablar en un mundo sin amor, me decís.
Ese árbol pareciera crecer, no se puede ver más allá. El árbol no deja ver el bosque. ¿Qué hay? ¿Qué no hay? ¿Qué dejaremos de ver? ¿Qué cosa nueva llenará nuestras vidas?
De un salto estamos del otro lado. No estoy segura, me decís, creo que prefiero la mediocridad del amor.
Ni siquiera hay un guardián que custodie y que nos diga si podremos volver.
No te preocupes, yo mismo me encargaré de que vuelvas si no te place, te prometo.
¿Con qué sentimiento, con qué sensibilidad serás capaz de arriesgarte por otro en un mundo sin amor?
No sé, sólo lo recordaré, no lo olvidaré. Lo tendré en la mente como palabra de honor.
¿Y si todos los recuerdos se te borran de la mente como pasó en "el fin del mundo"?
Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm...
Es un riesgo, vamos. Hagámoslo por amor.
¿Pero de qué hablaremos vos y yo en un mundo sin amor?
