martes, 11 de enero de 2011
Advertencia (sin embargo)
"Necia la mujer que cree que de ella hablan todos los poemas y los hombres. Estúpida, aquella que no se da por aludida..." San Borombón
No incluí advertencias
en esa botella lanzada
al mar, al vacío, a la nada,
no existen prerrogativas,
ni preferencias,
un pedido de auxilio
es para todos
y para nadie,
entiéndase,
el mensaje es para nadie
y para todos.
Debe aceptarse que,
quien me tienda una soga
para arrancarme
de la boca del lobo,
bien puede ser
otro, y ese otro,
otro, y así,
hasta infinitos otros.
Mi corazón es ciego
al socorro,
(a caballo regalado...)
y mis ojos están
nublados por la angustia
del encierro.
No habrá héroes,
no habrá estrellas,
apenas una mano
sin huellas digitales
y un grito, atroz,
que atraviese el cuero duro
del lobo
que me (re)tiene
sin manto de piedad.
Imagen: Fernando Botero Angulo
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Condenas
sábado, 8 de enero de 2011
Si mi vida fuese un film...
Por impulso del dulce viento de Paradela de Coles
A los dos años me sentaba en un taburete alto y ponía en el tocadiscos, canciones de Javier Solís y del Trio Los Panchos. Mi preferida era "Liliana", porque Liliana era la dueña de la casa, la dueña del tocadiscos, la dueña de los discos y la dueña de mi corazón. Algo así como la Tía Julia de Vargas Llosa, pero Liliana y sin Vargas Llosa, que como tipo es un asco. Ese amor no cambió.
Hasta que un día descubrí un disco de Nino Bravo. Entonces mi corazón se rompió por mil partes con canciones como "Aquel Atardecer" o "La Puerta del Amor". Y más se rompió cuando mi viejo me advirtió que Nino era hombre muerto, sepultado. A mi, los vecinos me decían Niño Bravo, por mi afición al Nino. Entonces, sólo me quedó esa voz impresionante, irrepetible, esa sensibilidad especial para decir las palabras. Los videos de "300 millones". Era verdad nomás, parece, que la letra de "Esa será mi casa" refería al cementerio. Un mal presagio.
Mis placeres musicales viraron radicalmente, el día que leí una nota en la revista Pelo sobre la sombría existencia de Robert Smith. No es que me dejase de gustar Nino Bravo, pero, en el instante en que escuché los primeros acordes de "Play for today", todo cambió. The Cure se convirtió en la cortina de mi vida triste (la otra).
The Cure jamás será U2, menos ahora que Robert Smith pasó los 50 años y los 100 kilos. Como leí alguna vez, habrá bandas más reconocidas por las mieles del éxito, bandas más reconocidas por los críticos y sabelotodos, bandas más reconocidas por la academia. The Cure jamás será el canon. Pero no habrá otra banda que pueda marcar en la piel los escalofríos que dejan las canciones de Robert Smith. Ese Joven Manos de Tijeras, perdido en el mundo.
En mi cabeza, siempre retumba "A Forest". Es la melodia que hace siglos vive en mi boca. Una base potente, las guitarras envolventes y la joven voz de Smith fluyendo de lo profundo y oscuro del bosque.
"A Forest" no dice algo trascendente. Sólo habla de sombras y profundidades. De una chica perdida en el bosque. Habla, quizá, de esos momentos en que no encontrás el camino de salida, la respuesta, un argumento para seguir viviendo.
Y ahora que pienso, tal vez fueron demasiadas las respuestas que no encontré, y por eso, "A Forest" se repite, como un signo Pierciano, ad infinitum. O tal vez, sólo sea el signo melancólico de un bosque que pude dejar atrás. También, ahora que ando Murakamiano, puedo llegar a creer que Robert Smith, anduvo por un bosque del fin del mundo, tocando su guitarra.
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Canciones
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