No me digas que hasta a ti llegaron... :( Nidos de serpiente,... víboras que no saben más que alimentarse de una hiel que espero acabe por devorarlas entre sí.
Un mordisquito suavecito hoy bajo el lóbulo izquierdo... y un abrazo.
Pienso que todo bicho cumple una función en la naturaleza, pero la de las cotorras no logro descubrirla... y encima repiten los soliloquios de la abuela. Abrazo, Darío.
No me digas que hasta a ti llegaron...
ResponderEliminar:(
Nidos de serpiente,... víboras que no saben más que alimentarse de una hiel que espero acabe por devorarlas entre sí.
Un mordisquito suavecito hoy bajo el lóbulo izquierdo...
y un abrazo.
Habrá que comprarse un gato...
ResponderEliminarMiau
A este lado dela Atlántico también abunda, querido. Hay que dejarlas hacer su trabajo, y obviarlas.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo
Esas voces... esos ecos pueden aparecer a través de cualquier imagen. Suenan y retumban.
ResponderEliminarFeliz semana. Un abrazo
Cuánto más lejos mejor.
ResponderEliminarPero las cotorras solamente convencen a las que son como ellas.
ResponderEliminarY si se va la morralla, puente de plata y cuesta abajo.
¡Malditas cotorras! Son una lacra.
ResponderEliminarBesos Dario
Malditas... quien pudiera callarlas.
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ResponderEliminarYo hablo poco, te lo juro que sí
ResponderEliminarUn beso:)
¿En qué quedamos? ¿No era tan importante la lengua?, jaja.
ResponderEliminarBesos.
La verdad, si te soy sincera me gustaría escupir asi de bien a los cotorros.
ResponderEliminarPienso que todo bicho cumple una función en la naturaleza, pero la de las cotorras no logro descubrirla... y encima repiten los soliloquios de la abuela.
ResponderEliminarAbrazo, Darío.
cotorras y cotorros los hay como hay mudas y mudos
ResponderEliminartodo tiene su opuesto
abrazos Darío y buena semana
me encanto la ideita del gato....
ResponderEliminarLas cotorras me hinchan la cabeza.
ResponderEliminarEstán por todas partes.
Hablan y hablan sin parar y en realidad no dicen nada.
Saludos.
Pobres cotorras... y ahora me hacen más gracia imaginándolas imitando a las abuelas.
ResponderEliminarAbrazo!
Las cotorras son insaciables, amigo.
ResponderEliminar
ResponderEliminarno se puede hablar con la boca llena de plumas
un abrazo
Conozco gente así
ResponderEliminarBesos
He vuelto a tu nido, Darío porque por lo menos aquí hay silencio.
ResponderEliminarAsí que enhorabuena, amigo .
Y cuando llegan las cotorras al último oído nada de lo anterior se dijo.
ResponderEliminarUn beso Darío
Que bien me llevo con mi gato.
ResponderEliminarLe dejo joven, un abrazo inmenso porque le he extrañado:)
Igual aprenden los soliloquios y los propagan, no.
ResponderEliminarUn abrazo.
Sonido de vida
ResponderEliminarAbrazos
Sí y peor son las cotorras humanas...que hablan tantas huev...........
ResponderEliminarUn abrazo grande para ti, seré breve jeje para no marearte.
mar
cotorras oor todos lados jajaa
ResponderEliminarbesitos Dario
Te aplaudo el poema, Darío.
ResponderEliminarEsas cotorras ni debajo del agua callan.
¡Qué se mueran las cotorras!
ResponderEliminarun bozal... :) o dales un pan
ResponderEliminarson plaga esos bichos...me imagino tu boca como una jaula abierta...
ResponderEliminarHay silencios tan necesarios frente a tanta palabra alborotada.
ResponderEliminarBesos
Pero las escupes muy bien.
ResponderEliminarTengo mucho lío con las estaciones en los distintos países.
ResponderEliminarBesos.
Aplaudo tu determinación con semejantes bichas.
ResponderEliminarBesos.
Habrá que ponerles el termómetro Darío, a esas conversaciones para poner remedio a esas fiebres.
ResponderEliminarY dejar que los cultivos crezcan bien.
Un beso.
Te vas a quedar sin saliva, mi querido Darío...
ResponderEliminarQue haya suerte con los nuevos cultivos Niño.
me gusta la contundencia de los versos, un abrazo
ResponderEliminarme gustó el comentario de Verónica - Mujerciervo - pienso es la puntilla perfecta para las abuelas.
ResponderEliminarabrazo.
Ja, ja, ja. Espléndido. Puto destino que me arrancó la oportunidad de ser abuela y soliloquiar febrilmente.
ResponderEliminarSaludos.
Los pájaros no me gustan mucho pero las humanas me resultan odiosas directamente.
ResponderEliminarEl poema, en su brevedad, es redondo.
Un abrazo!!
Sólo paso a saludarte , Darío.
ResponderEliminarque sigan volando las alas de tu poesía así.
Feliz semana y buen finde este Andalucía.
ResponderEliminarY pensar que ese tipo de cotorras abundan…
ResponderEliminarUn abrazo
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarY no paran las jodías...
ResponderEliminarSaludos.
ResponderEliminarInsolentes cotorras, sí, pero protagonistas de un excelente poema.
Buenas noches, feliz sábado
Son estridentes las jodias. Yo estuve a punto de cargarme a una con un tenedor, jajajaja.
ResponderEliminarLa vieja el visillo que las llama Mota.
Un abrazo
abrazos gorditos de esta cotorra , ten un comienzo de semana precioso Darío
ResponderEliminarmil gracias por tus huellas
pd... que seríamos sin ellas(cotorras) Darío
ResponderEliminarhay que vomitarlas como sea
por el pixel se quedan
otras se fijan al papel
muak
Huyo de las cotorras como de la misma peste. Y en pocas palabras las has descrito brillantemente.
ResponderEliminarBesos.
Te vas a quedar sin saliva...
ResponderEliminarUn beso.
ResponderEliminarGuárdate un poco.
Buenas noches Darío, gracias por estar siempre.
ResponderEliminarBesos
Buenos días Darío, debes de estar lejos de tu blog ahora, sumido en tu queceras cotidianos, harto ya de cotorras, con la saliva íntegra...
ResponderEliminarPero la pluma y la tinta , gastadas de escribir estos bellos versos.
Salud.
Ese trozo de poesía que te vio nacer no lo han visto aún esas cotorras... sino las callarías para siempre.
Remedar, algo que tú no haces, puesto que tus textos siguen un molde propio, son originales, diferentes, personales.
ResponderEliminarUn abrazo
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ResponderEliminarJa, ja, ¡qué buena metáfora!
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