Variables del mercado
Estrepitosos gorriones
se llevan con histeria
la comida de la gata,
admirable es la voluntad
de las hormigas
de transportar cargas
que las doblan en tamaño,
uno se rasca la espalda
como puede
o espera al acecho
descuidos de los otros
o se mira el ombligo
con el mundo sucediendo.
Lástima.
ResponderEliminares lo que hay en esta nueva era...
ciegos y más ciegos que no quieren ver.
Abrazos.
Siempre es conveniente tener un amigo que te rasque la espalda y una gata que sepa cocinar...
ResponderEliminarabrazo
Siempre me rasco la espalda como puedo y sólo cuando era niña me miraba el ombligo...
ResponderEliminarBesos
No sabía que a los gorriones les gustase la comidas de la gata.
ResponderEliminarEn cambio lo de las hormigas sí lo sabía.
ResponderEliminarUn beso.
Mirando las musarañas y sin intención de participar.
ResponderEliminarVamos, que se lo den todo cocido...
Saludos
Tal cual, demasiado mirarse el ombligo, y mientras, el mundo sucediendo...
ResponderEliminarVivan las hormigas, sí!!
Abrazo!
No voy a halagarte repitiendo cada línea que me pareció interesante porque sería redundante.
ResponderEliminarAunque me quedo con las letras eróticas y de amor.
Tal vez éste sea un poema de amor universal como vos decís,y nosotros somos gatos,gorriones y hormigas...por que no?
Saludos!
Increíble lo de las hormigas, lo he visto. Creo que los hombres deberíamos aprender de ellas. Unos más que otros no?
ResponderEliminarBeso!
es el oportunismo puro y duro Darío
ResponderEliminarsomos aves de rapiña
abrazos energéticos
Así es desde que el mundo es mundo: unos pechan y otros cantan. Cigarra, hormiga... ¿Cuál es realmente mejor destino? No sabría responderte.
ResponderEliminarBesos.
Me gusta el paralelismo con la naturaleza, aunque creo que a los mercados les interesa volver complejo lo que en la naturaleza es bastante simple. Y eso me recordó a esto:
ResponderEliminarEl filósofo paseaba por los campos cuando encontró en el río a un pescador muy atareado.
—¿Qué haces, buen hombre? —le preguntó.
—Echo las redes.
—¿Para qué?
—Para pescar.
—¿Para qué quieres pescar?
— Para vender el pescado.
—¿Para qué quieres venderlo?
—Para obtener algunas monedas.
—¿Y para qué quieres el dinero?
—Para comer.
—¿Pero, para qué quieres comer?
—¡Para vivir, señor, para vivir!
— ¿Pero para qué quieres vivir…?
El pescador se quedó perplejo, y enmudeció.
—¿Para qué quieres vivir? –insistió el filósofo.
El pescador caviló unos momentos y al fin respondió:
—Para pescar.
Cuento de Giovanni Papini
Abrazo.
Perezosos de cuerpo y casi nunca de pensamiento.
ResponderEliminarLa poesía anti-poesía, entre tus dedos...
ResponderEliminarYo las hormigas no las encuentro admirables, sólo avariciosas... A la cigarra que vive en mí le fastidian sobremanera ;) Me alegro mucho de verte de vuelta. Un beso
ResponderEliminar¿Dónde está el ombligo?
ResponderEliminarEstamos acostumbrados a mirarnos el ombligo mientras el mundo sucede. Me gustó mucho.
ResponderEliminarUn abrazo!
Abulia...
ResponderEliminarEs cierto, algunos practican la ley del mínimo esfuerzo.
ResponderEliminarBesos
Y a nosotros nos roban la felicidad los hombres de negro mientras miramos al cielo con vana esperanza.
ResponderEliminarAbzo
Un poco de ocio creativo, no está mal... momento en que uno puede aprovechar para rascarse la espalda.
ResponderEliminarAbrazo, Darío.
me gusta, me gusta
ResponderEliminardolce far niente
Uy, sí, Darío... qué verdades has dicho.
ResponderEliminarSaludos
Mi ombligo y yo nos hemos aislado de toda esa locura.
ResponderEliminarSaludos.
Si te digo la vverdad, me encantaría ver tu ombligo mientras la vida pasa.
ResponderEliminarCada ombligo es un mundo digno de verse, mirarse y abstraerse.
ResponderEliminarUno espera hasta que le rascan la espalda, algunos...
ResponderEliminarAnimales, personas, para todos los gustos y sint antas diferencias unos de otros
ResponderEliminarbesos
Ni los gorriones, ni la gata, y mucho menos las hormigas, creo que entiendan de variables de mercado; pero de la vida...un rato largo :)
ResponderEliminarUn abrzo.
Si es que los bichitos no paran nunca mientras el mundo sucede a su alrededor.
ResponderEliminarYo ando mirando una xylocopa que ronda por aquí, sobrevolándome hace unos días.
Creo que el mercado anda un pelín revuelto.
Besitos quietos paraos.
Los bichitos son listos. Se ocupan solo de lo importante.
ResponderEliminarEl cuento de Vera lo sé al revés.
El hombre pesca y se le acerca otro. Le pregunta qué hace.
-Nada, pescando.
-Hombre, no pierda el tiempo aquí. Compre un barco.
-¿Para?
-Cogería más peces, los podría vender, ganaría más dinero...
-¿Y?
-Una vez rico, podría hacer lo que le diera la gana.
-¿Y qué se cree que estoy haciendo?
Besos.
Robo, avaricia, codicia, egoísmo...
ResponderEliminarQue poco me gustan esas variables del mercado (y que bien logras decirlo con metáforas y poesía).
Un beso.
tu poema me arrancó una sonrisa, porque te vi,
ResponderEliminary seguramente será la única alegría de esta noche.
abrazo troesma.
No encontramos en esta sociedad muchos ejemplos de esfuerzo,
ResponderEliminarpero sí multitud de mirarse ombligo
y tocar cima.
Besos.
ResponderEliminar"se mira el ombligo
con el mundo sucediendo"
mmm... :)
En argentino hacerse el bol...excelente. Abrazo.
ResponderEliminar...el mundo sucediendo y yo padeciendo de "quejitis".
ResponderEliminarTodos cabemos en este mundo.
Un abrazo
cada quien es su propio mundo y su propio ombligo
ResponderEliminarestamos sucediéndonos en paralelo
abrazos y buena jornada
Entre los humanos hay de todo, amigo Dario.
ResponderEliminarBesos.
Las viñas del Señor contienen de todo, mi amigo.
ResponderEliminarUn abrazo.
mirarse el ombligo llego de pelusa. eso: lleno de pelusa.
ResponderEliminarbeso, querido.
ResponderEliminarAdmirable tu poema. Indiferencia, egoismo, oportunismo... y sobre todo, falta de humanidad.
Y así, como si nada, todo eso.
Enhorabuena, Darío
Indeferencia, egoismo... Un gran crítica a la mayoría de las sociedades actuales.
ResponderEliminarGran poema.
Gracias por tu huella Darío. Un beso grande.
ResponderEliminarTe regalo la primera sonrisa de la tarde. Eres un fiera, chiquillo!
ResponderEliminarAlgunos cantan, como la cigarra.
ResponderEliminarMuchos no se lo perdonan.
Un beso Darío.
Es muy dificil vislumbrar a veces como serán esa variables.
ResponderEliminarSe deben de mover muchísimo.
Un beso.
Tienes un agradable blog, enhorabuena.
ResponderEliminarA veces (por ejemplo en estos días que tengo tanto trabajo y presiones laborales) quisiera ser un gatito dormilón. Lo sé, se vería mejor decir que quisiera ser una muy laboriosa hormiguita, pero la verdad es que siempre me ha admirado la impasibilidad con la que los gatos ven pasar la vida y sus catástrofes. Dice el poeta mexicano José Emilio Pacheco que el gato inventó el existencialismo: entre dormir y no hacer nada ha tenido suficiente tiempo para hacerlo. Con perdón de Sartre y partners que lo acompañan.
ResponderEliminarLe dejo un abrazo grande
Es lo que tiene la escasez. Se debería aprender de las hormigas, de las abejas etc.
ResponderEliminarPero el humano en vez de aprender, desaprende.
Beso
Darío , para la espalda es mejor cojer un buen rascador, que horror no poderse rascar¡¡
ResponderEliminarUn beso.
Los descuidos de otros es fácil cogerlos cuando se están mirando al ombligo.
ResponderEliminarUn abrazo.
" porque estan en su mundo" con el mundo sudeciendo...
Bello poema.
Me encantó, porque está muy bien expresado.
ResponderEliminarFecicitaciones¡
El mundo sucede. Vertiginoso. Difícil y violento. No está tan mal desplazarse unos metros y ver qué esta pasando.
ResponderEliminarAh, nunca me gustaron las hormigas.
Abrazo
Pues sí, así es, así son las variables...
ResponderEliminarPero me gustan más, al menos me parecen casi soportables, cuando las cuentas tú
hablando de variables de mercado querido Dario que mal la pasamos el martes y miércoles, la fauna que paso por aquí no se parece en nada a tu poesía bella y gentil, saludos
ResponderEliminardeshagámonos del tiempo.
ResponderEliminar"o espera al acecho
ResponderEliminardescuidos de los otros"
Están esos, están.
Hay muchas variables de yo.
ResponderEliminarme gustaría saber
ResponderEliminarque piensan los gorriones
de la comida de la gata,
las hormigas
de su trabajo admirable.
y también nosotros
no todas las gaviotas
son juan salvador
es lo que hay no?
mi experiencia actual es aquello
ResponderEliminarel ombligo de muchos es un hoyo negro, traga traga, y solo quedan ellos, el resto no existe
son muy pocos los que se arriesgan a mirar y compartir con un otro el mismo camino
ten un excelente fin de semana Darío
:D
Yo ya no puedo ni rascarme la nariz...
ResponderEliminarSiempre es bueno tener quien te rasca la espalda, cuidalo
ResponderEliminarAbrazo
Y sin duda el que se mira el ombligo será el más valorado......
ResponderEliminarEn invierno, no hay ni gorriones, Un abrazo.
ResponderEliminarBueno, aqui no hay. No se allí Darío.
Un beso.
Muy bueno.
ResponderEliminarSiempre hay alguien que se aprovecha de algo :S
5 min tardan las hormigas en invadir cualquier cosa que dejé en mi mesita de noche, así sea un vasito de agua. Estoy por darme por vencida
ResponderEliminarCuesta mucho trabajo calmar la picazón en el ombligo.
ResponderEliminarCuando se tiene tiempo libre, claro.
Un beso.
Los decuidos de los otros son los que aprovechan las que son muy variables.
ResponderEliminarUn abrazo para ti.
Sin embargo el mercado siempre esta igual, invariablemente.
ResponderEliminarGenial, Darío.
Te felicito.
Siempre es mejor confundir a tus enemigos haciéndoles creer que no estás haciendo nada, cuando, en verdad, no haces nada.
ResponderEliminarNo, espérate, me parece que así no era la cosa...
En fin,
Saludos
J.
Todos nos miramos el ombligo.¿O qué crees que hacemos escribiendo poemas como éste?
ResponderEliminarHace bien poco dije que no me muero más y que me daban ganas justamente de eso, de dedicarme a mirar la perfecta redondez del mío.
Al final, sería una forma lícita de intentar ser feliz. ¿q no?
Las hormigas también se rascan y los monos ni te cuento. (ríome).
Comparto por ahí, venenoso.
Namasté.
Este poema es igual que la primavera de tu corazón.
ResponderEliminarFeliz semana.