A todos les recita el mismo verso, les habla de su soledad incomparable y grande. Todos los que circulan por su casa casi mítica, medio sagrada, reciben la misma recriminación. Ni siquiera los que caen en su trampa y la consienten están exentos de su verba. Les espeta la ingratitud, la desmemoria, la indiferencia. Al principio algunos se sienten seriamente cuestionados, se queman los sesos. Pero con el paso del tiempo, van adaptándose a la lógica quejosa de la vieja, aceptando que esa es su forma de ser protagonista perpetua. Al final se ríen como si se rieran de las ocurrencias de un niño pequeño, mientras ella siente una impotencia subiéndole como una bola de fuego por el cuerpo.
qué lúcido y qué ácido es usted, caballero, siempre sacando a la luz verdades que el resto preferiríamos ocultar, no sea que se nos manche la perfección, ja. este victimario promete.
ResponderEliminarabrazos.
Qué malo es hacerse mayor para algunos, eh?
ResponderEliminarBesos, Darío.
a rabiar ,directo y sin concesiones
ResponderEliminarla Poesía despelleja
felicitaciones Darío !!
abrazos y buena semana
La queja contínua, aun estando cargada de verdad, acaba cansando. Y entonces sí que la soledad es absoluta.
ResponderEliminarPobres de nosotras, las viejas.
Esta víctima se mira en el espejo de sus carencias no resueltas.
ResponderEliminarBesos
Quizás esa impotencia es su única compañía y eclipsa un vación en el sentir...Estoy con Alba, ya tengo ganas del siguiente! Abrazo
ResponderEliminarEl victimismo es una adicción como cualquier otra. La victima se refugia ahí porque su mundo es bastante reducido, si la sacas de sus quejas se quedan en nada...
ResponderEliminarAbrazo.
Dejas con ganas de más. Esta vampira emocional descontenta con todo y todos es una genial protagonista.
ResponderEliminarAbrazo.
para algunos es motivo de verguenza, como si a nuestros viejos o cuando uno envejece tiene uno que esconderlos o esconderse.
ResponderEliminarla gente que los desprecia y los oculta o los sublima son esos los que deberian dejarlos recluídos
Que tremendo, Darío.
ResponderEliminarHas retratado una gran realidad.
Saludos
Así es...
ResponderEliminarLo ingrato... a veces no queda más que transitarlo...
Besos Dari
el beneficio secundario de la enfermedad (que siempre se hace primario, siempre, y domina todo)
ResponderEliminarvamos a leer mucho a jodo :)
abrazos, querido dario.
Manipulación absoluta de protagonista de toda la vida.
ResponderEliminarJoer, me has dejado así como agachado el ánimo...
ResponderEliminarEs la vida, me digo, pero qué puta la vida de unos y otros. Yo no veo tanto a la víctima pero sí pensar que víctimas somos todos, la que se queja, los que nos quejaremos. Y la indiferencia o la impotencia están muy cerca.
jo, abrazo pero eso, chapó, pedazo texto.
A la vejez que nos queda, y a los ancianos quién los escucha. Pocos.
ResponderEliminarDuelen más los que permanecen en absoluto silencio
un barazo
La edad, imparable y muchas veces repelente...
ResponderEliminarLa edad del corazón es la que realmente importa!
ResponderEliminar:)
Conozco a alguien así, casi diría que tú también.Lo mismo en todas partes,no hay frontera para tantas deseperanzas.
ResponderEliminarUn abrazo.
No sé quien es esa vieja, pero no me gusta. No sé cómo has sido capaz de exprimirles tanto jugo en el texto.
ResponderEliminarBesos.
Todos llegaremos a viejos y sentiremos la impotencia subirnos como una bola de fuego...
ResponderEliminarDarío, como una bola de fuego eterno, qué buena poesía.
ResponderEliminarEnhorabuena.
Más que huir, deberíamos prepararnos para conocer la soledad. Nos espera a todos.
ResponderEliminarUn beso Darío
Igual también ella algún día se juró a sí misma que prefería morir antes de llegar comportarse así.... Yo lo he hecho.
ResponderEliminar(Tampoco sería la primera vez que no cumplo con alguna cosa ;)
Beso
Cruel la viejita...
ResponderEliminarUn abrazo.
La forma de ser en la vejez, aunque con menos problemas para decir tal cual lo que uno piensa, es reflejo de la vida vivida. Me parece a mí que esa señora fue dominanta y con aires de protagonismo..
ResponderEliminarMuy bueno, Darío.
Un beso.
La manipulación, en cualquiera de sus formas posibles, es una de las armas más terribles de los tiranos. Te voy a tener que twittear.
ResponderEliminarSeguramente no queda lejos el que nos parezcamos a esta señora, quemada ya de tantas bolas de fuego.
ResponderEliminarBesos
Tal vez ha sido así toda su vida, y ella solita se ha buscado la soledad...
ResponderEliminarBesos
Es bonito ver sonreír a los demás.
ResponderEliminarUn beso.
Feliz semana, Darío.
La vieja debería suicidarse.
ResponderEliminarYa.
Saludos.
Y sabe que, muchos de los que ahora ríen, terminarán haciendo como ella...
ResponderEliminarAbzo
Como el castigo de Tántalo, que todos los ven pero sólo él lo sufre. Si no me toca a mí, ¿por qué habría de congraciarme?
ResponderEliminarSaludos
J.
Indiferencia, y para ella, soledad
ResponderEliminarBesos
Durísimo, Darío, pero tan cierto...
ResponderEliminarAbrazo.
Potente, voy a hurgar más por aquí.
ResponderEliminarVíctima de sus carencias, triste
ResponderEliminarUn abrazo
El gran engaño, es mas que un simple manejo.
ResponderEliminarAbrazote joven!
Un desencuentro producido por las circunstancias. Y esa soledad se podría aliviar aunque curar nunca.
ResponderEliminarConflictivo, agudo y afilado como un cuchillo es tu poema, Dario.
Bicos.
Un texto punzante Darío, para homenajear la vejez, me ha traído recuerdos de mi abuela.
ResponderEliminarAbrazos.
No sé que decir... pero acá estoy presente.
ResponderEliminarCariños para ti.
mar
Perdón, ¿vos conociste a mi vieja? Es imposible.
ResponderEliminarUn abrazo.
HD
Seguro que hay quien no se cuestiona nada.
ResponderEliminarUn beso.
Después de un tiempo, ya me tienes de nuevo por tu casa, disfrutando de cada una de tus palabras.
ResponderEliminarSaludos.
Mi abuela era un poco atípica, o tal vez sólo orgullosa, difícilmente hacia recriminaciones en voz alta, no obstante, uno podía sentir cuando estaba «resentida» por algo. Mi madre es un poco menos atípica…
ResponderEliminarUn abrazo
Tomarse uno demasiado en serio es un gran mal, y da igual que seas un adolescente airado que un abuelete... airado también.
ResponderEliminarSaludos.
La vida es jodida a veces y difícil es envejecer. Los demás comprenderán lo que se siente cuando llegue su propio deterioro, de la mano de la cercana muerte.
ResponderEliminarUn beso
Maribe
hacer de la observación un arte de satisfacción inocua :)
ResponderEliminarBesos
Hay personas que necesitan pronunciar palabras en voz alta, aunque no necesariamente para comunicarse con los demás, solo para escucharse a sí mismo/a. Palabras que reconfortan, calman, que sosiegan y alivian, se trata de egoísmo puro :))
ResponderEliminarun abrazo
La soledad no elegida es capaz de llevar a la locura, o a la amargura, que parece ser el caso de esa mujer.
ResponderEliminarPor otro lado las personas que se quejan como si fuera una letanía resultan bastante insoportables.
Buen texto, Dario.
Un abrazo!!
Y a medida que avanzan en la vejez y la amargura más de lo mismo.
ResponderEliminarMenos mal que hay excepciones que si no...
Un abrazo
Muy bien acabdo el exto (y buena música en el blog).
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