Me estremecí de brisas,
como si me invadiese
una tristeza inexplicable y sin límite,
o la inoculación de un líquido
lentificador del músculo,
una neblina espesa delante de los ojos,
nadar, correr, batir alas en el sueño,
la bifurcación paralizante,
el interregno de la parsimonia
adonde no se va a ninguna parte.
Veo que has redecorado tu cueva... ha quedado chula, señor Darío.
ResponderEliminarY sí, hay brisas que paralizan, qué será lo que barren a su paso, me pregunto.
Beso y versos
A veces nos sentimos como en una tela antes de ser devorados.
ResponderEliminarY aún así, y sin saber muy bien cómo, avanzamos.
ResponderEliminarMi cariño.
Aquí sí has inoculado veneno.
ResponderEliminarrecurrente sueño donde alguien nos sueña y paraliza*
ResponderEliminarrecorre el frío la espalda lentamente
ResponderEliminarasí me ha parecido hoy tu poema, la sensación más electrizante
besitos y feliz smznz
esa niebla que aparece recurrentemente ante nosotros.
ResponderEliminarQue nos ancla y paraliza.
A la que tenemos que vencer para poder volver a vivir.
Recomendable armarnos con dos buenos faros antiniebla en la memoria que nos ilumines los momentos gloriosos.
cómo.... tu amaneciste en mexico?
ResponderEliminarA la miercole...y jaja por el comentario anterior...
ResponderEliminarpodria coincidir con el malestar de muchos mexicanos.
Besos mil.
Cámara lenta.
ResponderEliminarA veces el destino es a ninguna parte.
ResponderEliminarUn beso. O dos.
A veces pasa, lo que no llego a descifrar todavía es si se trata de un estado de depresión, o de claridad (súbita y terrible certeza de la nada).
ResponderEliminarUn abrazo.
Como la pesadilla que me ha perseguido desde la niñez, donde mis músculos se paralizan y en medio de la huida me encuentro entre la nada y un vacío gigantesco que me consume.
ResponderEliminarPero con suerte, despertamos, con mucha suerte.
Besos
Y por cierto, No, no siempre hay consuelo, a veces sólo hay resignación.
ResponderEliminarHay que aceptar, parte de la vida. El veneno a veces cura
ResponderEliminarSuena a Nunca Jamás en un viaje a ninguna parte.
ResponderEliminarUn abrazo.
con lo de la tristeza inexplicable venía bien, pero la bifurcación paralizante tengo que decir que me impresionó un poco
ResponderEliminarSaludos!!
Recurrente, Darío, no hay más que dejarse vencer en esa parálisis y después de ir a ninguna parte, salir de la neblina... o no...
ResponderEliminarTodo lleva su tiempo y este es tan personal como único.
Me encantó este poema, me sumergiste en un estado onírico recurrente.
Besos
Parece ser que a veces suceden epfifanías entre sueños. Y es ahí donde tiene nombre lo innombrable. Donde se hace niebla lo invisible. Donde la pregunta que nunca nos hicimos se torna bifurcación. El sueño por fortuna se desvanece, pero entiendo que aquello que nos carcome, lo seguirá haciendo. Y en la vigilia ya no tenemos palabras con las que nombrarlo. Tu poema se aproxima. Es en los bordes..
ResponderEliminarY es que nunca se va a ninguna parte...
ResponderEliminarSaludos y un abrazo.
Las grandes verdades nacieron brisas y terminaron como ciclones.
ResponderEliminar(mi mamá tenía una niebla espesa delante de los ojos. La operaron de cataratas y ahora ve dese Madrid hasta Charata, sin escalas...)
saludos
Quien no tiene destino, siempre llega a èl.
ResponderEliminarBuen poema.
Un abrazo.
Sentido extremo... Esa niebla que a veces paraliza. Esa niebla que a veces nos visita, a todos por igual.
ResponderEliminarBeso!
La tristeza es una conquistadora sin igual.
ResponderEliminarNo se detiene ante nada.
Sólo los poemas consiguen ablandarla.
Saludos.
A veces la melancolía se prende a las pestañas, opaca los vidrios, duele.
ResponderEliminarUn abrazo Darío
El miedo es la adrenalina de un sueño que se repite...
ResponderEliminarAbrazo
No queremos verlo, pero morimos muchas veces antes de la definitiva, a modo de entrenamiento.
ResponderEliminarEl veneno ha hecho efecto, sí.
Besos!!
Pasa muy a menudo y lucha por instalarse y cuando se consigue abatirla, el cansancio es intenso.
ResponderEliminarAbrazo Joven.
De los sueños salimos despertando. ¿Y de la vida cómo?
ResponderEliminarCuando los sueños se espesan, el tiempo se detiene en la frontera de la vigilia.
ResponderEliminarun abrazo
Te abrazo solidaria, porque me siento de esa forma que tan bien describes muchas veces. Pesa la vida, pesa mucho entonces.
ResponderEliminarPero llegarán brisas suaves y cálidas...
ResponderEliminarUn beso, Darío
Ovillo
ResponderEliminarAnimal asustado bajo un cielo inflamable.
Con la vida en suspenso y esa espesa bruma que no pasa.
abrazo.
Pese a la tristeza que prefiero que no sea recurrente, me ha encantado ese inicio: "Me estremecí de brisas", una hermosa imagen en la que me quedo en sueños.
ResponderEliminarBesos!
Sale de la neblina... encontraras sol
ResponderEliminarUn abrazo
Me sabe a cansancio a hastío, justamente a parsimonia. Quizás, los versos sirvan para combatirla, creo que siempre queda el consuelo, en ese sentido.
ResponderEliminarAbrazo
La brisa triste paraliza y detiene.
ResponderEliminarHay que mover, hacia donde no importa. Hay que partir, navegar.
Ya lo decía Pessoa: navegar es preciso, vivir no es preciso...
Cuando la tristeza invade cada una de las células, todo se ralentiza tanto que por más esfuerzo que hagamos parece que el mundo gira con demasiada parsimonia y eso nos agota demasiado.
ResponderEliminarcomo si tuviéramos que llevarlo a cuestas.
Un veneno que mata lento, y con un simulacro de dolor, dificil de explicar que además paraliza desde los músculos hasta el cerebro.
Besitos mediterráneos.
sos terrible eh...
ResponderEliminaray ay ay
Darío, estabas por escribir un poema, tranquilo hombre.
ResponderEliminarUn abrazo.
“(...) el interregno de la parsimonia
ResponderEliminaradonde no se va a ninguna parte.”
Como si describiera mi sentir en estos momentos.
Gracias.
Un abrazo
La parálisis de la tristeza.
ResponderEliminarTexto sin imagen...
busca ser solo voz.
Sos un texto tan bello siempre...
Abrazos!
De nuevo vuelve a ocurrir: sentir el desánimo inconsciente del frío, de la apatía y la distancia que salva de percibir la comodidad y la tranquilidad a considerar el alivio empotrado en un lugar cerrado; (los incendios se apagan en invierno).
ResponderEliminarun abrazo :)
Ralentizar un momento hasta llegar al stop...asusta.
ResponderEliminarUn beso
Hay que huir de esa brisa que aplana.
ResponderEliminarSaludos
Me estremecí de brisas... que bella imágen.
ResponderEliminarHay neblinas que nos siguen los pasos, no sirve huir.
Besos
Esos líquidos, esos líquidos....lindo empapelado de fondo. Abrazo.
ResponderEliminara ninguna parte es el lugar donde nos dirigimos la mayoría
ResponderEliminaruna abrazo
Suele suceder de sentirnos así, a veces los sentimientos nos frenan las dicisiones....
ResponderEliminarMuy buen poema.
mariarosa
gracias por tu huella
ResponderEliminarabrazo y buena semana
Muy lindo el nuevo look!
ResponderEliminarEl poema: aplanador (pero sin que se note).
Besos
Una pesadilla...
ResponderEliminarMi beso!
La tristeza nos ralentiza por fuera y por dentro. Y viajar a ninguna parte puede ser la mejor solución.
ResponderEliminarUn beso.
Ninguna parte me absorbe
ResponderEliminarDe vez en cuando me dejo atrapar por una sensación diría que así.
ResponderEliminarO tal vez sea toda esa sensación en realidad aunque pueda también con lo contrario. En realidad nunca supe hacia dónde iba, ahora, encima que me lo pregunto, mucho menos.
Beso!
Ninguna parte es la salida al infierno.
ResponderEliminarSaludos.
Este pensamiento recurrente, no sé si es un adios de nuevo, o es que no me he movido ni un sólo centímetro de mi sitio
ResponderEliminarmmmm
Bestial esa sensación... no tener un dónde, pero seguir.
ResponderEliminarMe gusta tu forma de poetizar la tristeza "inexplicable", esa "que lentifica el músculo y no va a ninguna parte".
ResponderEliminarUn abrazo.
Mercedes.
Tienen mucho de filosofía tus versos. Tienen profundidad y buenas imágenes. Te felicito.
ResponderEliminarHasta la tristeza encuentra sus pasos entre la monotonía de la brisa...
ResponderEliminarSí.
Un beso.
Muy bello. Deliciosas metáforas. Un lujo leerte. Un abrazo.
ResponderEliminarla petite mort
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